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Los lavaderos públicos

Parece que fue hace una eternidad y en realidad no han pasado  tantos años desde aquella época, en que las viviendas no contaban con agua corriente y mucho menos con electrodomésticos como la lavadora.

Las mujeres de la casa eran las encargadas de hacer la colada. Con el balde lleno de ropa sucia y su jabón de sosa, acudían al lavadero público de su pueblo.
Los lavaderos solían estar a las afueras del pueblo y cerca de arboledas o praderas, donde se echaba la ropa a secar en el suelo y en cuerdas atadas de un árbol a otro.

El lavadero público es el lugar de trabajo de muchas mujeres y el punto de encuentro donde se intercambian impresiones e información.
Esta actividad, que hace años era una obligación; hoy en día,se podría considerar como parte de la historia reciente.

Muchos pueblos y ciudades conservan aún, estas construcciones públicas; aunque muy pocas personas son las que siguen haciendo uso de ellas.

¡¡¡Como pasan los años!!!

Era el año 2004 cuando los Ayuntamientos de Castrocontrigo, Castrocalbón y San Esteban de Nogales organizaron su primera fiesta de la Mancomunidad.
Todos los pueblos reunidos en  Calzada de la Valdería para bendecir el Pendón de la localidad y pasar un día de confraternidad.
Juegos, concursos, exposición de aperos de labranza, demostración de como se trillaba el cereal con el caballo y el trillo, comida para todos los asistentes, bailes regionales y teatro, para pasar un día inolvidable.

                     

                     

                     

El cacho de la truena

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Se le conoce como “El Cacho de la Truena” y es un testigo que se pasaban los vecinos de esta localidad.
El día que había tormenta, el vecino que se encontraba en posesión del Cacho, tenía la obligación de ir a tocar la campana; para que la “Truena” no descargara “piedra” y arruinara la cosecha.

El Cacho permaneció desaparecido durante muchos años y cuando fue encontrado estaba en un lamentable estado de conservación.
Un amante de la historia, un investigador,un poeta,  un albañil, un bloggero, Joaquín Pérez, “el ti Joaquin”, se  encargó de llevar a cabo su restauración.
Comenta Generosa Crespo, que cuando su padre Agustín tocaba la campana, se podía escuchar este verso:

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“Relampa y truena, relampa y truena;
pa Sierra Morena.
relampa y truena, relampa y truena;
pa Sierra Nevada;
que no hay trigo ni cebada.”

Para saber más sobre el Cacho de Calzada visita el post de El Ti Joaquin : http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2014/03/el-cacho-la-truena.html