La Leyenda de Peña La Mora

Peña la Mora a un lado y la Meseta la Raposa al otro, hacen de este punto un estrecho paso en el que apenas caben el camino y el arroyo de “El prao barrio”.

Cuenta la leyenda que al caer la noche, en la reguera se solía ver una joven y bella mujer mora, lavando la ropa sobre algún lavadero de piedra.
Esto llamaba la atención a la gente que pasaba por el camino, los cuales se acercaban a interesarse por su situación.
La mujer les contaba que era una princesa que estaba cautiva en una cueva , presa de un maleficio que solo le permitía salir desde la puesta del sol hasta el amanecer.
Después les pedía que la acompañasen hasta su cueva, así se rompería el maleficio. Todos los que acompañaban a la bella princesa mora, desaparecían para siempre.
Solo uno pudo escapar y alertar a la gente del pueblo del peligro que corrían si acompañaban a la mujer.

A partir de ese día, nadie volvió a ver a la supuesta reina mora y nunca más desaparecieron habitantes de Castrocalbón.

Información facilitada por: Saul Cenador Aldonza .

El fuego bacteriano

.
2018 será recordado en este municipio como el año en que una bacteria acabó con uno de los árboles frutales más apreciados.
La bacteria se conoce con el nombre de Erwinia amylovora y afecta a las plantas de la familia de las rosáceas, entre las que se encuentran nuestros apreciados perales.


Se calcula que esta plaga puede poner en peligro el ochenta por ciento de nuestros frutales.
La Junta de Castilla Y León, a través de la Consejería, ha marcado todos los árboles afectados, notificando a sus propietarios la obligación de cortarlos y quemarlos en un plazo de tiempo.
Esta es la única manera de combatir la plaga, ya que no existe tratamiento fitosanitario.

Los lavaderos públicos

Parece que fue hace una eternidad y en realidad no han pasado  tantos años desde aquella época, en que las viviendas no contaban con agua corriente y mucho menos con electrodomésticos como la lavadora.

Las mujeres de la casa eran las encargadas de hacer la colada. Con el balde lleno de ropa sucia y su jabón de sosa, acudían al lavadero público de su pueblo.
Los lavaderos solían estar a las afueras del pueblo y cerca de arboledas o praderas, donde se echaba la ropa a secar en el suelo y en cuerdas atadas de un árbol a otro.

El lavadero público es el lugar de trabajo de muchas mujeres y el punto de encuentro donde se intercambian impresiones e información.
Esta actividad, que hace años era una obligación; hoy en día,se podría considerar como parte de la historia reciente.

Muchos pueblos y ciudades conservan aún, estas construcciones públicas; aunque muy pocas personas son las que siguen haciendo uso de ellas.